El espejo roto

“La verdad era un espejo en las manos de Dios.
Luego se cayó y se hizo mil pedazos.
Todo el mundo tiene un pedacito,
y cada cual cree que posee la verdad completa”

Yalal ad-Din Muhammad Rumi. Místico sufí persa del siglo XIII.

Detenerme ante un espejo, entrever en el rostro que me ofrece lo que fui, reconocer, con tristeza, que no es más que un reflejo, mirar de nuevo y perder el horizonte en la verdad que solo yo veo, cerrar los ojos, hurgar en los entresijos que no quieren hacer silencio, convencerme de que esa verdad reflejada, mi verdad, es la verdad completa.

Estoy rompiendo mis espejos, no le temo ni al silencio ni a la mala suerte, que me dicen que vendrán. Araño con rabia el canto esmerilado, queriendo arrancar la capa que revela una imagen en la que ya no quiero reconocerme, porque voy sabiendo que será siempre incompleta, intolerable para mis búsquedas de la verdad.

Y en el sueño que provoca todo este impulso devorador, camino sobre el fino alambre de la verdad en la que no puedo, no quiero, quedarme para siempre. Soy un buscador de pedazos huérfanos, aquellos que nacieron de los espejos que otros rompieron. Lo sé, será imposible hacer que encajen, que formen un todo completo y perfecto, pero en su complejidad me reconoceré, y me reconocerás, ¿es acaso la verdad siempre perfecta?, al menos en ese nuevo espejo, roto, hecho de sumas incompletas, podré verme a mí mismo, a ti incluso, y al mundo, como Dios nos ve. Y esa será, al menos por ese instante, la mayor verdad.

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