¿Quién es Dios para ti?

Ayer por la tarde, con un grupo de chicos y chicas al que acompaño, nos hicimos la pregunta, quién es Dios para ti. Típica, dirán algunos; tópica, dirán otros; drástica, es posible; complicada, eso sí. Lo cierto es que pasamos por la vida llenando nuestra papelera mental de mil preguntas que no nos han servido para casi nada, y ahí las dejamos, a veces a la espera de mejores momentos, y más lúcidos, otras veces porque sabemos que son importantes para encontrar eso que llaman el sentido de la vida, pero aún no le hemos cogido el ritmo, ahí se queda, durmiendo el sueño de los justos.

Las respuestas de mis chicos me han dejado descolocado, la verdad es que no dejan de sorprenderme nunca: “Dios para mí es una mirada”. “Dios para mí es lo que puedo ver y sentir cuando estoy con la gente en la que confío”. “Es más que un sentimiento, es saber que alguien vela por mí y me necesita”. “Dios es la nada, no puedo creer en ese Dios que algunos me presentan y que está vacío”… Catorce años, ay. Aquí hay poco sueño de los justos, hay mucha vida, poca sensiblería beata o categórica, no sé cuál es peor, hay mucha búsqueda, poca concesión a historias poco creíbles.

Estos chicos y chicas, que no son tan diferentes de otros muchos, necesitan que la imagen de Dios que se les presenta esté más cerca de la vida que de la promesa; no buscan respuestas más que hechos; se asocia más con la confianza que con la dogmática. Y en un momento, me he sentido muy lejos de ellos, y en consecuencia muy lejos también de Dios, porque en sus palabras y quejas he descubierto las mismas palabras y quejas que Jesús decía a la gente religiosa de su tiempo, miopes para la sencillez y la vida que brotaba efímera pero claramente en el Nazareno.

Dios para ti… Dios para mí es el reto diario (esto es lo complicado, ya podía ser semanal, o mensual…) de hacer de mi presencia, mi imagen, mis pasos, mi palabra, la presencia, la imagen, la palabra de Dios, de hacerme él, de convertirme en él. Cuando me cuestioné en serio la posibilidad de ser sacerdote tuve la suerte de ser acompañado por un jesuita ya mayor, no destacaba por nada en especial, es decir, no hacía ni había hecho grandes obras por la humanidad, a pocos había sacado de la pobreza y su nombre seguramente pocos recuerdan, pero estar cerca de él, saberle siempre dispuesto a perder el tiempo conmigo y mis neuras, me llevó a decirle tú eres Dios para mí, me resulta muy difícil creer en otro Dios. En eso estoy, en eso…

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