Si el hombre pudiera decir lo que ama…

IMG_2028Vuelvo, ¡cuántas veces lo he dicho!, pero quiero seguir sintiendo el sabor a sangre en la boca cuando lo escribo, cuando me decido a tomar de nuevo esta pluma virtual. En estos meses me he levantado más de una mañana con pensamientos que desbordaban mis sueños y me recordaban cómo se sonríe, cómo se indigna un hombre, cómo sigue siendo verdad que podemos adivinar el futuro si aprendemos a leer el presente.

Y quiero retomar estos pasos de puntillas junto a un amigo de hace años. Algunos me han preguntado sobre los versos que aparecen en el sobre mí de Twitter. Son parte de un poema de Luis Cernuda, Si el hombre pudiera decir lo que ama, que quiero hacer frontispicio de estas notas y pensamientos que comparto.

Decir lo que amo, proclamar la verdad ignorada, justificar mi existencia por medio de la palabra libre, vivir plenamente… Así entiendo mi vida, así la vivo y la comparto. Gracias a los que camináis conmigo y me enseñáis a amarla.

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Sin lugar para ellos

Navidad 2013Me resulta curioso seguir escuchando, cada vez a más gente, que no les gusta la Navidad, que es una época que les pone tristes, o que todos los tópicos que la rodean les han llegado a cansar y aburrir. Es curioso.

Es curioso, porque la Navidad es la fiesta del desempoderamiento de Dios, y de ahí nuestra alegría. Dios no viene a tomar posesión de su propiedad, ni a reclamar almas para el cielo; Dios no viene a autoafirmarse por encima de nuestros deseos e intereses, ni se coloca en posiciones de poder que le den posibilidades de que su proyecto triunfe. Dios no se sitúa en un lugar privilegiado para la carrera, ni siquiera escoge la calle con menos obstáculos.

Es curioso, porque lo que estamos celebrando cada Navidad, o lo que deberíamos estar celebrando es la presencia de Dios en todos esos lugares de desconcierto. Esto supone aprender, qué menos que con la experiencia, que por muy grande que sea este planeta no habrá lugar para muchos de sus habitantes, y que es a partir de ese «no lugar» donde Dios vuelve a comenzar su historia de salvación para todos; que todo aquello que nos entristece y escandaliza se convierte desde la fe en «lugar» de salvación, y que aún necesitamos crecer en esa fe para descubrirlo y asumirlo.

Es curioso, porque en lugar de convertirnos en personas resignadas, todo esto nos devuelve al comienzo, nos pone en el punto de partida para que cualquiera que sea nuestra opción liberadora de las personas comience por la realidad más sencilla de esas mismas personas, lejos, muy lejos, de las idealizaciones que tanto nos gustan.

Es curioso, porque con todo esto de la Navidad lo que Dios nos revela es sencillamente que sólo podemos salvarnos y salvar cuando somos plenamente humanos, abrazando nuestras limitaciones, sin lugar tampoco para ellos ni para nosotros.

Todavía «no hay lugar para ellos»,
ni en Belén ni en Lampedusa.
¿Navidad es un sarcasmo?
«Si tu Reino no es de este mundo»
¿qué vienes a hacer aquí,
subversivo, aguafiestas?

Para ser el Dios-con-nosotros
has de serlo en la impotencia,
con los pobres de la Tierra, así, pequeño,
así, desnudo de toda gloria,
sin más poder que el fracaso,
sin más lugar que la muerte,
pero sabiendo que el Reino
es el sueño de tu Padre,
y también es nuestro sueño.

Todavía hay Navidad,
en la Paz de la Esperanza,
en la vida compartida,
en la lucha solidaria,
¡Reino adentro, Reino adentro!

(Pedro Casaldáliga)

Reforma vaticana para quienes no tienen fe

papa_nor-672xXx80-2Se hacen eco las noticias del motu proprio del papa Francisco reformando el reglamento jurídico del Estado Vaticano y adecuándolo al derecho internacional: queda abolida la cadena perpetua, se introducen nuevas figuras criminales relativas a delitos contra la humanidad y, sobre todo, se agravan las penas para los casos relacionados con abusos de menores y blanqueo de capitales. Estarán sujetos a las nuevas normas todos los funcionarios vaticanos y empleados de la curia, además del nuncio apostólico, el personal diplomático de la Santa Sede y todos los empleados de organismos e instituciones relacionados con el gobierno de la Iglesia.

Se estipulan como delito contra los menores la venta, prostitución, alistamiento y violencia sexual contra ellos, la pornografía infantil, posesión de material de pornografía infantil y actos sexuales con menores.

Aparte de que la principal reforma legislativa del Estado Vaticano deba consistir en la desaparición de dicho «Estado», y aparte también de que hayamos tenido que esperar al siglo XXI para que las leyes del Vaticano se ajusten al derecho internacional y a la carta de los Derechos Humanos de la ONU, lo que esta reforma pone sobre la mesa es el reconocimiento de que las excomuniones canónicas no sirven para nada cuando se amenaza con ellas, o se aplican, a quienes no tienen fe.

Y no me refiero precisamente al caso de amenazar con excomunión, o con el infierno, o con lo que sea que dé miedo, a los ateos, sino a los propios jerifaltes vaticanos, a los obispos que esconden y tapan a tanto cura pederasta, a los monseñores que se dedican a blanquear cantidades vergonzosas de dinero, a los que condenan a homosexuales al exilio social pero gustan vestir de faldones negros para ocultar sus tendencias personales. De nada sirve, digo, amenazar a estos con excomuniones cuando demuestran con sus actos y creencias que no tienen fe. El único miedo que conocen no es el del infierno sino el de perder su poder, su prestigio, la inmunidad de sus sotanas.