La muerte en rescate de la vida (a mi hermano José Gallego)

José Gallego Marcos

“Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios” (Rom 8,39)

A las 11.45h del sábado 28 de febrero, las trabajadas manos de mi hermano de comunidad José Gallego Marcos se dejaron relajar por primera vez en su vida. Ni siquiera la sedación, bajo cuyos efectos llevaba una larga semana, fue capaz de vencer la fuerza de voluntad de José. Incluso su mano izquierda, la más afectada por la metástasis en los huesos, seguía haciéndose fuerte para sembrar y recolectar, porque no han sabido hacer nada más, y nada menos, desde que hiciera su primera profesión como trinitario hace ahora 63 años.

Hay ocasiones en que la muerte viene en rescate de la vida, y la hace aflorar llena de sentido, con rostro sereno, con manos fuertes. Son ocasiones en las que la muerte devuelve la dignidad con la que se ha vivido y recupera lo que tanta enfermedad había ocultado. Son ocasiones en las que vislumbramos, como en aquella tarde del Tabor, la plena vida que tanto sufrimiento se reservaba, y comprendemos que cuando todo falla nos queda el amor de Dios en todo lo que hemos amado.

Hace apenas un año que José llegó a mi Casa trinitaria de Córdoba. Venía descolocado, unos meses antes tuvo que dejar de ser párroco en Iznatoraf porque la vista le fallaba y comenzaba a tener pequeñas molestias en el hombro izquierdo. Venía descolocado porque dejaba su comunidad, en Villanueva del Arzobispo, junto a Nuestra Señora de la Fuensanta, y aquí poco podía aportar, y porque parecía repetirse la historia de 49 años atrás que le obligó a renunciar a su empeño misionero. Pero no se descolocó cuando, un mes después de llegar a Córdoba, los médicos descubren que las pequeñas molestias del hombro estaban ocasionadas por una metástasis agresiva de cáncer de pulmón. En ese momento reapareció el fray José de siempre, no para aferrarse a la vida, porque era consciente de que esa batalla la tenía perdida, sino para seguir sembrando con esas manos fuertes de rudo trabajador de una viña que siempre supo que era de Dios.

La muerte ha venido a rescatar esa vida trabajada y silenciosa. José no ha ocupado oficios importantes, recibió la ordenación presbiteral con 49 años, y hasta entonces, fray José, como todos le conocían, fue curtiendo sus manos en los seminarios menores de Alcázar de San Juan y el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. Con cariño recordaba el largo mes de travesía del Atlántico, con apenas 18 años, para ir a Santiago de Chile. Después, en Villa María, Argentina, dejó algo más que sus primeros años de religioso, sus ojos se iluminaban y sus manos recobraban vigor cuando recordaba junto a nosotros en la comida o en cualquier cena, aquellos descubrimientos que despertaron en José para siempre un alma misionera.

Tres años después de volver a España sus ojos se fijaron en Madagascar, y lo que se presentaba como la realización de su anhelo más íntimo, se reveló a los pocos meses de llegar a Tsiroanomandidy como fracaso, a causa de una inesperada enfermedad que cortó sus alas y le obligó a regresar. Orencio, su hermano, me contaba estos días cómo apareció José en el aeropuerto de Madrid, demacrado, débil, sin vida. Pero algo más que los delicados cuidados de su madre, Basilisa, levantó su ánimo para fortalecer sus manos y aclarar su vista. Como la santa de Lisieux, José fue descubriendo su alma misionera en lo sencillo de cada gesto, en la constancia del trabajo diario, en la oración confiada, en la disposición del corazón para vivir la humildad y la sencillez de nuestra Orden entre los brazos de Dios.

En esos brazos retoma su camino, los seminarios menores de la Provincia, el comedor y la secretaría del colegio de Madrid, las parroquias de Madrid y Algeciras y el hospital de Algeciras se convirtieron en valedores de su espíritu misionero, de su incansable corazón, de su sencillez desgarradora. Nos lo ha recordado cada día, porque a pesar de que sus células iban de retirada, su corazón y sus manos se aferraban a todo lo vivido, a todo lo liberado, a todo lo amado.

Su hermana Clara convertía en oración las que fueron, prácticamente, las últimas palabras conscientes de José; una semana antes de morir, en urgencias, repetía, “A pesar de todo, ¡feliz!”. No hay mejor resumen de una vida en la que nada, ni nadie, ha podido separar a José del amor de Dios.

Los hermanos que formamos la Casa de la Santísima Trinidad de Córdoba nos sentimos agradecidos, indignamente, por haber compartido este último año de vida de José. Verle sufrir, acompañarle al hospital, ayudarle en el comedor o en su habitación, lejos de vivirlo como una carga nos ha unido más y nos ha devuelto aquella ilusión sencilla y tan trinitaria de hacer lo que hacemos como lo hacemos. Quizá estas líneas os ayuden a recordarlo o a conocerlo, pero más allá de las normas que nos piden aplicar sufragios y oraciones por su eterno descanso, las trabajadas manos de José necesitan de religiosos trinitarios y de laicos trinitarios que en cualquier parte del mundo pierdan el miedo a manchar o curtir las suyas, ese será nuestro mejor recuerdo.

José Gallego Marcos nació en Zamora el 11 de mayo de 1936, hijo de José y Basilisa. Realizó su noviciado en Algorta, donde emitió su primera profesión el 25 de marzo de 1953. Emitió la Profesión Solemne en Villa María, Argentina, el 8 de septiembre de 1958. Se ordenó de presbítero en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, en Andújar, el 23 de marzo de 1985. Falleció en Córdoba el 28 de febrero de 2015.

3 comentarios en “La muerte en rescate de la vida (a mi hermano José Gallego)

  1. Fray José, un educador al que jamás olvidaré. Tuve el enorme placer de compartir con él mi niñez y mi adolescencia, él como educador, yo como pupilo.
    Parecía duro, con semblante serio, pero siempre se le notaba un enorme amor hacia los chicos que cuidaba.
    Me impartió geografía y todavía recuerdo cosas que me enseñó.
    Me encantaría recibir algunas fotos de él, de cuando yo lo recuerdo (hasta 1978) y posteriores.
    Descansa en Paz Fray José (Padre José), siento no haber podido compartir contigo momentos en los que los dos, ya como adultos, pudiésemos analizar nuestros puntos de vista. Habrá tiempo para ello.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s