Compasión

Una de las características más propias e identificativas de Jesús es la compasión. No solo en algunas traducciones bíblicas, sino también en nuestra colectiva imagen de Cristo, se ha introducido la palabra lástima, desplazando a la compasión, que es mucho más de Dios.
La lástima es mero sentimiento, que no profundiza en las causas ni en las consecuencias de aquello que la provoca. La lástima no propone un cambio en la vida del que la siente, ni en las condiciones de vida de quien la recibe. Ocurre y pasa. Como pasan y corren las lágrimas que la exteriorizan. Sentir lástima de alguien o de algo me sitúa en un nivel por encima, contemplando la realidad desde arriba, pero sin necesidad de aportar soluciones o cambios, a no ser acabar rápido y pronto con ese sentimiento que me abate y descoloca.
La lástima no es el sentimiento de Jesús porque no es una cualidad de Dios encarnado. En lugar de unirme íntimamente a la vida y a las posibilidades de aquello que me la provoca, la lástima marca espacio, y una vez superada olvida y pasa página.
Lo propio de Jesús no es la lástima sino la compasión. Esta sí es una cualidad encarnada, que busca conocer y participar de las causas y del sentido del sufrimiento del otro. La compasión viene a ser la capacidad más trascendente de la persona, la que más nos identifica con Dios y con su proyecto del Reino, la que más humanos nos hace. Cuando me compadezco me sitúo al mismo nivel que la mirada de mi hermano, antes habré tenido que buscar esa mirada, localizar su objetivo, comprender su sentido, participar de su desconcierto. Compadecer es acompañar, apagar temporalmente las alarmas que me avisan de que esa empresa no merece la pena, que mis objetivos son distintos y pierdo el tiempo y a veces el prestigio. Por eso la compasión es más que un sentimiento, es una opción de vida, que solo puede ser auténtica cuando antes se ha experimentado en sí mismo.
A lo primero que Dios nos llama es a la compasión. Es la primera señal, una vez superada la lástima, de que Dios quiere contar conmigo para un mundo diferente. Es el primer gesto que me hace divino, es decir, completamente humano.

Cáritas detecta un relevante aumento de la pobreza

Link: Cáritas detecta un relevante aumento de la pobreza

Y en el corazón de ese corazón partido de Cáritas, el tiempo y la dedicación de los anónimos voluntarios en miles de parroquias de España. Los que creen que la pobreza nunca puede ser espacio para la publicidad ni para la política. Los que saben que no van a cambiar el mundo, pero sí van a ayudar el pequeño mundo de muchos que van perdiendo la esperanza en la humanidad, y la fe en Dios y en los que nos decimos sus hijos… Gracias a todos ellos, me ha tocado vivir muchas horas compartidas con ellos en Granada y en Sevilla, por cierto casi siempre muy lejos y muy solos de la Cáritas “oficial”…

El año de Saeko, de Kyoichi Katayama (2006)

El año de Saeko de Kyoichi Katayama es algo más que el estilo novelístico japonés de moda. A pesar de seguir un patrón y un ritmo muy parecidos, Katayama en esta novela (que ha tenido que esperar cinco años para ser traducida al castellano, seguramente a la sombra del éxito de Un grito de amor desde el centro del mundo) profundiza mucho más en los personajes que Murakami, si bien no llega al mismo nivel que Ishiguro.

Saeko y Shun’ichi forman un matrimonio de supervivientes, que no acaban de encajar en una sociedad de la prisa, lo prefabricado y enlatado, la economía capitalista brutal, a pesar de que forma parte de su existencia. Su lucha particular contra el sistema despierta tras la propuesta “solidaria” de la hermana de Saeko. Necesita su útero para poder ser madre, despertando la conciencia rebelde de Saeko, que toma forma de locura, o de “sano juicio”, y sitúa a la pareja ante la búsqueda de espacios puros y sencillos, pero para alcanzarlos tendrán que huir lejos, a la “naturaleza intocada”, la misma que buscó Matsuo, el jefe de Shun’ichi, en su cáncer terminal.

En mi opinión, la novela tiene muchos altibajos narrativos, hay momentos de intensidad zen, que se abren como flor de loto en medio de un estanque de aguas sucias, y hay también momentos en que los personajes se quedan a medias, el argumento no se define y da la sensación de estar perdidos. Es una buena lectura, teniendo siempre en cuenta, eso sí, que es literatura japonesa, no se puede perder de vista este detalle.

Mi personaje: Matsuo, el jefe de Shun’ichi, aparece en a novela casi de refilón, en tres ocasiones y sólo por referencia, pero lo considero el personaje clave para que Shun’ichi se dé cuenta de lo que ocurre a su alrededor y tome las opciones que necesita para su felicidad y la de Saeko. 

Dejo también dos párrafos que me han tocado:

Aunque dos personas hablen de forma subjetiva, las palabras carecen de sentimiento. Distraídas, ambas personas, con las palabras, no llegan a sentir emoción alguna. Las palabras van deslizándose suavemente por encima de los hechos como lo que son: palabras.

El ser humano, mediante la ejecución de acciones de carácter económico, se ha venido enfrentando sin cesar a la naturaleza. Como resultado, la naturaleza intocada ha desaparecido de la faz de la tierra. Incluso un útero. Ya no es el lugar íntimo que permite conectar con el futuro o con el universo, sino que, sujeto al control de los conocimientos y los deseos humanos, ha entrado en el ámbito de lo económico. En el útero de Saeko estaba presente el capitalismo salvaje. Y quizá su locura -más bien, su sano juicio- era un rechazo a esta barbarie.

Y si alguien se anima, que la disfrute.