Cáritas detecta un relevante aumento de la pobreza

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Y en el corazón de ese corazón partido de Cáritas, el tiempo y la dedicación de los anónimos voluntarios en miles de parroquias de España. Los que creen que la pobreza nunca puede ser espacio para la publicidad ni para la política. Los que saben que no van a cambiar el mundo, pero sí van a ayudar el pequeño mundo de muchos que van perdiendo la esperanza en la humanidad, y la fe en Dios y en los que nos decimos sus hijos… Gracias a todos ellos, me ha tocado vivir muchas horas compartidas con ellos en Granada y en Sevilla, por cierto casi siempre muy lejos y muy solos de la Cáritas “oficial”…

El año de Saeko, de Kyoichi Katayama (2006)

El año de Saeko de Kyoichi Katayama es algo más que el estilo novelístico japonés de moda. A pesar de seguir un patrón y un ritmo muy parecidos, Katayama en esta novela (que ha tenido que esperar cinco años para ser traducida al castellano, seguramente a la sombra del éxito de Un grito de amor desde el centro del mundo) profundiza mucho más en los personajes que Murakami, si bien no llega al mismo nivel que Ishiguro.

Saeko y Shun’ichi forman un matrimonio de supervivientes, que no acaban de encajar en una sociedad de la prisa, lo prefabricado y enlatado, la economía capitalista brutal, a pesar de que forma parte de su existencia. Su lucha particular contra el sistema despierta tras la propuesta “solidaria” de la hermana de Saeko. Necesita su útero para poder ser madre, despertando la conciencia rebelde de Saeko, que toma forma de locura, o de “sano juicio”, y sitúa a la pareja ante la búsqueda de espacios puros y sencillos, pero para alcanzarlos tendrán que huir lejos, a la “naturaleza intocada”, la misma que buscó Matsuo, el jefe de Shun’ichi, en su cáncer terminal.

En mi opinión, la novela tiene muchos altibajos narrativos, hay momentos de intensidad zen, que se abren como flor de loto en medio de un estanque de aguas sucias, y hay también momentos en que los personajes se quedan a medias, el argumento no se define y da la sensación de estar perdidos. Es una buena lectura, teniendo siempre en cuenta, eso sí, que es literatura japonesa, no se puede perder de vista este detalle.

Mi personaje: Matsuo, el jefe de Shun’ichi, aparece en a novela casi de refilón, en tres ocasiones y sólo por referencia, pero lo considero el personaje clave para que Shun’ichi se dé cuenta de lo que ocurre a su alrededor y tome las opciones que necesita para su felicidad y la de Saeko. 

Dejo también dos párrafos que me han tocado:

Aunque dos personas hablen de forma subjetiva, las palabras carecen de sentimiento. Distraídas, ambas personas, con las palabras, no llegan a sentir emoción alguna. Las palabras van deslizándose suavemente por encima de los hechos como lo que son: palabras.

El ser humano, mediante la ejecución de acciones de carácter económico, se ha venido enfrentando sin cesar a la naturaleza. Como resultado, la naturaleza intocada ha desaparecido de la faz de la tierra. Incluso un útero. Ya no es el lugar íntimo que permite conectar con el futuro o con el universo, sino que, sujeto al control de los conocimientos y los deseos humanos, ha entrado en el ámbito de lo económico. En el útero de Saeko estaba presente el capitalismo salvaje. Y quizá su locura -más bien, su sano juicio- era un rechazo a esta barbarie.

Y si alguien se anima, que la disfrute.

El fin del mundo


Que nadie se alarme, no estoy en plan Holywood, con la moda de que se nos viene encima una catástrofe que acabará con el mundo. Todo eso está bien para hacernos pasar un rato y para meter el miedo en el cuerpo a algunos que confían más en los guionistas de cine que en el guionista del Universo.

Lo que ocurre es que  el domingo pasado, en la Eucaristía que celebro diariamente en la Casa de Acogida de las Adoratrices de Córdoba, una de las madres acogidas, en plena homilía soltó: “Pero si el fin del mundo va a ser pronto, más nos vale demostrar a Jesús que somos sus seguidores”. La mayoría de los presentes, influídos seguramente por todos esos evangelios en los que se nos recuerda la importancia de estar preparados, de que Dios vendrá como el ladrón en la noche, de que el tiempo es corto…, no tardó en darle la razón y preguntar con más ansiedad aún: “¿Pero qué tenemos que hacer para seguir a Jesús?”.

No quiero ser aguafiestas, pero que al mundo le quede mucho o poco depende más de nosotros que de la voluntad “destructora” de Dios. Aunque, la perla de esta semana no nace precisamente de un mundo en destrucción, sino de los motivos por los que en ocasiones decimos ser seguidores de Jesús. Tomarse en serio la llamada de Dios, la invitación a colocarse sobre las huellas de Cristo, a orientar la vida desde su brújula, no puede nacer del miedo a lo que vendrá. Y, sin embargo, estamos demasiado acostumbrados a saber de gente que sólo cuando el miedo se visualiza y les alcanza, renacen a viejos sentimientos, vuelven a rezar y ponen en Dios su confianza. El fin del mundo, el fin del propio mundo, esto es, el fin de una forma de vida, el fin de una relación, el fin de un trabajo, incluso el din de la existencia, son entonces trampolines sobre los que tomar decisiones y saltar a un vacío, que seguirá siendo vacío, ausente de toda confianza, de todo compromiso y de toda fe.

No estaría mal que revisara las motivaciones por las que me siento llamado por Dios a ser lo que soy, y hacer lo que hago. ¿Qué hacer entonces si descubro que nacen del miedo? La mejor defensa es un buen ataque: sí, espero el fin del mundo, pero no de este mundo que conozco, sino el fin del mundo que bloquea mis sentimientos, el din del mundo que me hunde en lo negativo, el fin del mundo que no me permite ser quien soy. Al fin y al cabo, Dios te está llamando a que des el primer paso para acabar con ese mundo.