Doce años después de poner la primera piedra de este espacio, la intención no ha cambiado: favorecer un pensamiento atrevido, que sea propio y crítico. Lo que nació como una bitácora esporádica de lecturas e intuiciones se convirtió, a finales de 2019, en una cita semanal para asomarnos sin red a las preguntas de la vida.

A pesar de las tentaciones, de las modas y los consejos sobre posicionamiento web, nunca he querido construir un «blog temático». Prefiero dejarme llevar por el desafío de la intemperie, descifrar laberintos cotidianos y abrir caminos propios sin trochas ni atajos prefabricados.

Hace unos meses se publicó el libro «Vivir a la intemperie». Su acogida, tan generosa como inesperada, ha traído hasta este rincón virtual a muchos lectores nuevos. A todos os doy la bienvenida a este espacio en el que sigo volcando el alma.

La vida sigue su curso: a veces abierta en canal, otras resguardada en los desvanes interiores, pero siempre maravillosa en su exigencia. Solo hace falta afinar la mirada para descubrir su belleza en un encuentro fortuito, en las palabras que aprendemos a pronunciar cuando la dejamos crecer o en los silencios que brotan sin prisa. Esa sigue siendo mi búsqueda y a ella os vuelvo a convocar.

Sin embargo, para seguir habitando este lugar con la honestidad que os merecéis, toca hacer algunos ajustes. Mi horizonte creativo se ha abierto a otros proyectos que reclaman tiempo, atención y un espacio propio. Para garantizar la calidad y la entrega que este espacio exige, ha llegado el momento de cambiar la frecuencia de publicación.

Dejo atrás la rutina semanal de los martes. Sé que muchos esperabais el amanecer de cada martes con la ilusión del reencuentro, pero pasar a un ritmo quincenal nos permite algo más claro y fácil de recordar. A partir de ahora, nos encontramos y nos leemos los días 1 y 15 de cada mes, caigan en el día de la semana que caigan (septiembre aún mantendrá el martes, al menos).

Gracias de corazón por vuestra fidelidad. Decir que vuestra lectura es un estímulo puede sonar a tópico, pero no hay mayor verdad: junto a mi propia necesidad de compartir, vuestra presencia al otro lado de cada texto es el mejor motor para ponerme a pensar y escribir.

Nos vemos el próximo día 15. Seguimos a la intemperie.

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Te doy la bienvenida a la intemperie

Gracias por visitar mi sitio y por dedicar un tiempo a estas reflexiones. La intemperie es más habitable cuando se comparte, por eso estoy aquí y por eso escribo: para no acomodarme, para que cada meta me empuje a un nuevo camino, para que mi fe no se quede en lo sabido.
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