Resistiendo

La mayor parte de nuestra vida la pasamos resistiendo. Nos cuesta mucho posicionarnos, encontrar el espacio desde el que sabernos especiales y poder decir algo interesante al mundo, al menos a ese pequeño mundo que nos rodea. Por eso defendemos la posición con uñas y dientes, literalmente. Y convertimos la resistencia en un enfrentamiento con monstruos que, de fijarnos un poco, descubriríamos fabricados por nuestros miedos. La clave de esta resistencia está en conocer lo que nos amenaza, no tanto en profundizar en lo que nos ayuda a crecer, y es aquí donde nos equivocamos. Resistimos porque nos creemos llenos de razón, y porque intuimos cesiones allí donde sólo se habla de oportunidades. Resistimos cuando las palabras han perdido su poder transformador, y cuando el cambio nos devuelve a la inseguridad del hoy, y del mañana. Porque resistir de este modo es vivir un pasado vitalicio, es decir, contra todo y a pesar de todo, porque cualquier tiempo pasado fue mejor, más aún que este presente que enloquece y descoloca a cada momento. La única salida es la resistencia.

Y sin embargo, seguir a Jesús es resistir. No a la tentación, precisamente. Resistir a uno mismo y a lo que no es uno mismo. Resistir ante lo que quiere cambiarnos, y también ante lo que quiere dejarnos como estamos, en un a gustito creador de esa falsa paz que adormece. Resistir a los argumentos de siempre, y también a los nuevos que no han cogido mi medida, y se conforman con la estándar, para no crear demasiado conflicto. Jesús se resiste a ser medido y a ser conocido, por eso la llamada a ser de los suyos es una vocación a la resistencia, al inconformismo, de ahí que seguirle a él nos descoloque tanto, y nos cree tantos conflictos, internos y externos. A menos, eso sí, que cambiemos la resistencia por uniformidad, y acabemos pensando, como hay muchos, que vistiendo todos igual, pensando todos igual, agarrándonos todos por igual al pasado, estamos resistiendo como Jesús nos enseñó. Esa no es la resistencia para la que él nos llamó, aunque ahora ya ni lo recordemos.

Me inquieta esa resistencia que algunos sectores de la Iglesia convierten en postura oficial, no solo porque mata la libertad que tanto pregonamos y en la que tanto nos escondemos cuando no sabemos cómo explicar algunas cosas de Dios, sino también porque se sitúa en los antípodas del mensaje fresco e inconformista de Jesús, y si en estos tiempos de adviento no somos capaces de sentirlo así será porque seguimos resistiéndonos a escuchar su voz. En medio de todo ello, a pesar de quienes me recomiendan que calle y vuelva al redil, aquí sigo y seguiré, resistiendo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s